Strip- tease

Quítate el sombrero,
si lo tienes,
quítate el pelo,
que te abandona,
quítate la piel,
las tripas, los ojos,
y ponte un alma.
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jueves, 22 de marzo de 2012

Ambición.


Mi única aspiración se había convertido ahora en despertarme con él, y cuando me sentía más ambiciosa aún, le pedía 5 minutos más bajo las sábanas, entre sus brazos, acurrucada sobre su pecho.

¿Acaso se puede pedir algo más? Ah, sí, hacerlo todos los días de mi vida.

jueves, 23 de febrero de 2012

Dary al-istihlal.

Wallada.

Wallada Bint Al Mustakfi, también conocida simplemente con el nombre de Wallada, nació en Córdoba en el año 994. Fue hija del califa Omeya Muhammad Mustafki.

Fue famosa por su gran talento poético y fue la más célebre de las escritoras andalusíes, pero de igual modo mujer de una belleza apabullante: hermosa figura, tez blanca, ojos azules, pelirroja... el ideal de la época.
Tras la muerte de su padre, al no tener descendencia masculina, Wallada heredó todos sus bienes, con apenas 17 años, prescindiendo de toda tutela masculina, abrió palacio y salón literario en Córdoba, donde ofrecía instrucción en la poesía y el canto a hijas de familias poderosas y acaso instruía a esclavas en la poesía, el canto y las artes del amor. Ella era hija de Amin Am, una esclava cristiana enviada a cultivarse a Medina, y su nodriza y maestra fue la esclava negra Safia.

Entre sus alumnas destacó Muhya Bint Al Tayyani, una joven de condición muy humilde (hija de un vendedor de higos) a la que acogió en su casa y que terminó denigrándola en crueles sátiras.
Su posición privilegiada en lo social le da un carácter excepcional, aunque la personalidad de Wallada, sensible y refinada, hubiese destacado de todos modos, ya que Wallada era la mujer más culta, famosa y escandalosa de Córdoba. Se paseaba sin velo por la calle y, a la moda de los harenes de Bagdad, lleva versos suyos bordados en la orla de su vestido o en túnicas transparentes. La leyenda dice que en el lado izquierdo rezaba:

"Estoy hecha, por Dios, para la gloria,
y camino, orgullosa, por mi propio camino."

y en el derecho:

"Doy gustosa a mi amante mi mejilla
y doy mis besos para quien los quiera".


Apenas se conservan nueve poemas suyos, de los cuales cinco son satíricos, se ha visto rodeada de una cierta fama de atrevida y mordaz. Además algunas alusiones un poco subidas de tono, en sus versos, seguramente unidas a las represalias de sus enemigos, motivaron que pasara a la historia como inmoral y libertina, a lo cual contribuye el hecho de que no se casó nunca, y se le conocieron varios amantes.

A los 20 años conoció al hombre que marcó para siempre su vida. Fue en una noche de fiesta poética, jugando a completarse poemas según la costumbre cordobesa de entonces. Su historia de amor y desamor con Ibn Zaydum (noble de excelente posición, con gran influencia política y el intelectual más elegante y atractivo del momento) se convirtió en una leyenda. Fue el choque de dos vanidades literarias, en la que ella tomó la iniciativa Tras unos amores estrepitosos, apasionados, públicos y versificados, pronto se rompió el idilio.
De esta relación nacieron varios de los poemas que se conservan de ella. Poemas que tuvieron la misión de ser cartas entre los amantes, dos expresan los celos, la añoranza y los deseos de encontrarse; otro, la decepción, el dolor y el reproche; cinco son duras sátiras contra su amante, al que reprocha entre otras cosas tener amantes masculinos, y el último alude a su libertad e independencia.

Cuando rompió su relación con Ibn Zaydum, se hizo amante del hombre fuerte de Córdoba, el visir Ibn Abdus, rival político y enemigo personal de Ibn Zaydun, al que privó de sus bienes y acabó metiendo en la cárcel. En esa época de cautiverio físico y amoroso escribió Ibn Zaydun sus poemas más famosos. Pero Wallada no quiso volver a verlo. Eso es lo que creó realmente la leyenda. Ibn Zaydun, tras recobrar la libertad, recorría de noche los palacios arruinados de Medina Al Zahara, símbolos de una pasión destruida. Cuenta la leyenda que toda Córdoba lo vio errante y ojeroso, enfermo de amor, y supo de sus poemas sumisos, implorando el perdón que nunca le fue concedido.

Arruinada en su fortuna y su crédito, Wallada recorrió la España de los reinos de Taifa, quizá también la cristiana, exhibiendo su talento y acaso otorgando sus favores, pero siempre volvió a Ibn Abdús, en cuyo palacio acabó viviendo aunque sin casarse con él y bajo cuya protección le sobrevivió, siempre altiva y hermosa, hasta cumplidos los 80 años.
Muere el 26 de marzo de 1091, día en que los almorávides entran en Córdoba.


martes, 3 de enero de 2012

Almost done.



Bill Brandt

Ahora sólo me falta poder desnudarme por dentro delante de ti sin sentir ese rubor.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Stuck in black.




I've betrayed black,
I've stained black,
And at night I'm just a transparent bat,
Whose wings are broken and withered,
Going nowhere, with no track,
In my loop,
Stuck,
Stuck in black.
From the deepest of my soul's crack,
Unchaste tuck,

Unchaste art.


Lucía Nómada.

martes, 21 de diciembre de 2010

Aún no, pero es época de balances.


"...No siempre sé lo que tiene urgencia.
Hago balance.
Queda todo por hacer.
Si tú quieres te acompaño.
No soy más que lo que ves."


Balance- Ismael Serrano.



Mi destino quizás esté lejos de este hastío. Quizás...
No quiero echar la vista atrás. Pronto lo haré y será con una sonrisa de oreja a oreja.
Aunque no sé cuándo podré hacerlo.


"Aún creo en la utopía"

domingo, 5 de diciembre de 2010

Por si algún día me lo pedías.


Ayer, mientras dormías a mi lado, me deslicé por las sábanas lenta y delicadamente para no interrumpir ni tu sueño, ni tu acompasada y agradable respiración.

Conseguí ponerme de pie en la cama, pero lo suficientemente alejada como para no moverte.
Estaba desnuda, así que me enrollé ese foulard que tú me regalaste alrededor del cuerpo. Por fin apoyé mis fríos pies en el suelo.
Antes de empezar a caminar te miré; dormías como un bebé, dulce y plácidamente, con expresión de paz y mariposas, como yo suelo decir.

Al fin me dispuse a buscarla. Primero cogí tu pantalón. Miré por todos los bolsillos, pero nada. Ahí no estaba.
Dubitativa continué buscando. Fui a tu bolso, grande y oscuro. ¿Cómo buscar dentro de él sin un ápice de luz en la habitación salvo los tímidos rayos que se colaban por las últimas rendijas de tu persiana? Abrí la cremallera con cuidado, como si fuera a desmoronarse de un momento a otro. Allí estaba... pequeña, fría, deseada...

Me vestí rápidamente, como si de ello dependiese mi vida. Ni siquiera me puse camiseta, sólo mi abrigo y unos vaqueros. Salí sigilosamente de la habitación y entorné la puerta, para no hacer ruido al encajarla para cerrarla completamente.

De repente, me vi en tu ascensor, como un pajarito encerrado en una jaula, mas corrí, corrí tanto que sentía el frío rasgarme la garganta, sentía mi piel tiritando, erizada.
Al fin conseguí llegar: -Una copia, por favor.- Ese señor la metió en una especie de sobre de papel...ERA MÍA. La introduje en mi bolsillo trasero, la pagué y salí de allí sin siquiera decir adiós (maleducada temerosa).

Abrí tu portal, subí al ascensor. Esta vez era diferente, me sentía a salvo y a gusto en la "jaula". Abrí la puerta de tu casa, todo en silencio. Comencé a desvestirme en cuanto cerré la puerta. La cogí, no la copia, sino la original, con una mano. La ropa, toda, en la otra (con ella dentro del bolsillo de mi pantalón).
Abrí la puerta de tu habitación como pude...¡Dormías! Con esa expresión de paz y mariposas... La dejé en tu bolso y lo cerré. Lo puse tal y como estaba, bajo tu jersey azul. Abandoné mi ropa a su suerte sobre tu silla.
Subí un pie a la cama, con cuidado el otro. Cual serpiente, me introduje de nuevo entre las sábanas. Froté mi cuerpo contra las sábanas e incluso utilicé mis manos para calentarme realizando movimientos ascendentes y descendentes. Decidí tocarte para ver si mis manos aún seguían frías. Te moviste y me dijiste entre el sueño y la vida, - Anda, para, que tengo sueño.- y me abrazaste de manera que no pudiera tocarte con las manos.

Mientras contemplaba la pared y sentía tu pecho contra mi espalda, recordé que ya la tenía. Tenía la llave de tus entrañas, por si algún día querías que entrara en ellas, que las abriera de par en par para tocarlas, amarlas... Cerré los ojos y me concentré en tu respiración. Después de eso no recuerdo nada, salvo el amor.